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martes, 14 de enero de 2014

Viracocha y su Compañero Alado



Es muy popular entre los Andinos y los habitantes del Perú los relatos orales del Coriquenque compañero alado de Viracocha, un picaflor de oro, esta pequeña ave conocedor del presente y el futuro. Huitzilopochtli también tenía un colibrí, como compañero a su lado. Al parecer hay una similitud enorme entre las leyendas orales Andinas y las Aztecas sobre este picaflor andariego.


 

Investigación por Celestino Villalobos

Después de algunas lecturas por aquí y por allá tropecé con estos colibrís o picaflores, pensé desde luego que podría ser una coincidencia, pero como no creo en las coincidencias, pensé que valdría la pena saber más sobre el tema, después de todo sería interesante. Una de las razones principales por las que relacione al picaflor Andino con el colibrí de los aztecas, y aunque posiblemente no tenga nada que ver. Al estar trabajando y haciendo observaciones en la Estela de Isapa No. 5 encontré que el personaje que popularmente conocemos como Nefi en dicha piedra se caracteriza como un Colibrí, este personaje todavía no ha sido identificado plenamente a pesar de todo lo que se ha dicho por los académicos. Aun cuando la piedra de Izapa hace un relato del árbol de la vida, e implica fuertemente a la familia de Lehi como actores principales, Lehi, Sarhia, Nefi, Laman y Lemuel y tal vez Sam, Jacob y José. Esta evidencia no me parece, implica que Lehi haya desembarcado en el área de Centro América, ya que  mis lecturas del Libro de Mormón me invitan a pensar que Lehi, desembarco en Sudamérica lo que significa que este Colibrí  es de origen Andino y caracteriza al personaje de Nefi en la piedra de Izapa. Lo que podemos notar una migración gradual desde el área de Chile hasta los Grandes Lagos de Norte América, ya que más o menos esa fue la dirección que Fray Diego Durán describió la ubicación de Aztlán, estas cuevas están en Teoculuacan, que, por otro nombre, se llama Aztlán, tierra que todos tenemos noticia  caer hacia la parte del norte y Tierra Firme con la Florida. [1] Historia de las Indias de Nueva España. Fray Diego Durán. Tomo II. p. 18.

Es entonces que de Aztlán de donde los Mexicas bajo la dirección de Huitzilopochtli, o colibrí zurdo, los guío hasta fundar la ciudad de Tenochtitlan.


                                              Huitzilopochtli con mascara de colibrí


Dado a que solamente son relatos orales en algunos casos no encuentro documentación para verificar su seriedad, en algunos casos este relato es repetido una y otra vez aún por estudiantes universitarios del Perú y personas   acreditadas  y por otras evidencias circunstanciales concluyo que el relato del Coriquenque  de oro es real.

Me parece muy hermoso este relato en especial:

Viracocha al igual que otras deidades, fue nómada y tenía un compañero alado, el pájaro Inti, una especie de pájaro mago, conocedor del presente y del futuro, representado en mitos como un picaflor de las alas de oro (Quriqinqi).

 

En mis lecturas ociosas, me di cuenta que por lo menos hay tres pájaros en Sudamérica que se le llama “Corequenque” y al principio esto me hizo invalidar los relatos del colibrí de las alas de oro y compañero alado de Viracocha. El primer Corequenque y mi preferido es el Colibrí de Oro, el segundo es un tipo de halcón Andino y el tercero es un tipo de quetzal peruano, pero al parecer sin el plumaje largo de su cola.

Otro de los detalles con respecto de estos Corequenques, son generalmente como deidades, por sus atributos y simbología individuales por ejemplo el colibrí, como mensajero colector de miel y plumaje hermoso, el halcón llamado también como caracará o matamico excelente cazador y el pájaro Pilco de hermoso plumaje, un tipo de quetzal del Perú. Sin duda el plumaje de estas tres aves fueron usadas por el Inca para adornar el llauto y Mascapaicha, las plumas del ave halcón eran blanco con negro.

Por medio de fuentes de algunos cronistas del tiempo de la conquista puedo deducir de la autenticidad de estos relatos orales, ya sea en forma de un halcón, colibrí o quetzal dependiendo del área geográfica de determinado grupo étnico. Por ejemplo en la iconografía del área del Perú y Bolivia en Tehuano el ave por excelencia sería el cóndor, en los días  de  los Maya-Toltecas sería el Quetzal. Lo que las aves siempre han transmitido sentimientos espirituales como mensajeros de los dioses, poseer sus plumas sería adquirir sus atributos, siendo un honor muy valorado.

En la historia; Los Incas del Perú, Sir Clement Markam menciona que Ayar Manco, tenía un cetro de oro que lo usaba para determinar la fertilidad de la tierra, si la tierra era muy fértil el bastón se hundía en su totalidad, que sería el final de su lugar de descanso y fundación. Este mismo personaje tenía un pájaro como falcón que lo tenía en una jaula, y toda la gente lo miraba como sagrado, no podían decir si este pájaro estaba vivo o era artificial, decían que este pájaro era un familiar de Ayar Manco.[2] The Incas of Perú por Clement Markam 1910. p. 50.

Cuando los cuatro hermanos Ayar dejaron sus casas en Tampu-tocco, Manco Ccapac o Ayar Manco, tomó un pájaro como falcón llamado Indi. Ellos pensaban que este pájaro hizo que Manco Ccapac lo sirviera como señor y obligaba a la gente a seguirlo, pájaro llamado “Indi” un espíritu familiar de él. [3] Historia de los Incas. Pedro Sarmiento de Gamboa. p. 37.

 
                                                                Korekenke

Cuando Manco Ccapac está a punto de morir, deja el pájaro “indi” encerrado en la caja, el tupac-yauri o centro dorado, el napa y el suntur-paucar la insignia del príncipe a su hijo Sinchi Rocca para que tomase su lugar. Ibíd. p. 45.

De Manco Ccapac se originaron diez familias, desde entonces comenzaron los ídolos o “huauquis” que era un ídolo o demonio escogido por cada Inca por su compañero y oráculo para darle respuestas. Sarmiento dice que cada soberano Inca tenía un familiar demonio o ídolo que llamaban guauqui. De Manco Ccapac fue el pájaro “inti” ya mencionado, de acuerdo con Polo de Ondegardo, dice que la palabra parece ser la misma como Huauqui o hermano. Ibíd. p. 46.

El bisnieto de Manco Ccapac, Mayta Ccapac siendo de carácter guerrero y muy atrevido fue el primero en distiguirse con las armas después de su bisabuelo. El relato de él fue, que se atrevió a abrir la jaula donde estaba encerrado el pájaro “inti”. Este mismo pájaro que Manco Ccapac trajo de Tampu-tocco que había sido heredado por los sucesores, el predecesor de Mayta Ccapac quien siempre había mantenido callado en la jaula o caja de paja, así era el temor que tenían a esta ave. Pero Mayta Ccapac era temerario más que los demás. Deseoso de mirar lo que sus predecesores habían guardado con mucho cuidado abrió la jaula y vio al pájaro inti y tuvo una conversación con él. Dicen que inti le dio oráculos y desde entonces de la entrevista con el pájaro, él fue más sabio y sabía mejor que debería de hacer y que pasaría. Ibíd. p. 49-50.

El cronista Bernabé Cobo de la historia del Perú menciona que, él “Quenti” o picaflor es el menor de los pájaros que se hallan en estas Indias, porque es tan pequeño que teniéndolo en la mano y cerrando el puño con él dentro, no hace más bulto que si fuera una bellota de encina; y pelado viene a quedar poco mayor que un moscardón, porque pelado, su cabeza es del tamaño de un garbanzo. [4] Bernabé Cobo. Tomo 2, cap. XXVII, p. 218. Tanto al colibrí como al halcón se les conocía como pájaro “Inti” y deduzco por mis lecturas que el colibrí es un mensajero y consejero, mientras que el halcón caracará  o Corequenque podría tener un valor muy diferente y tener un par de plumas en el llauto del Inca o gobernante es sinónimo de grandeza por valor de hechos heroicos, aunque al Inca solamente estaba autorizado para usar estas insignias, mientras que a los nativos Americanos me refiero Norte América, tenían la costumbre de adquirir plumas de águila Balde, que son plumas blanco con negro igual que las plumas del Curiquinque Andino, sin duda alguna estas plumas tan preciadas nunca fueron tan fácil de adquirir, ya fueran de colibrí, quetzal, cóndor, águila o halcón.

Al parecer la adoración del quetzal como un pájaro-deidad juega un papel importante en Mesoamérica entre los Maya-Toltecas, lo mismo entre los Andinos, al dios Wiracocha o Viracocha se le asocia con un colibrí o Inti mensajero de los dioses, lo que me invita a pensar que la deidad de Quetzalcóatl pudo haber nacido inicialmente en el Perú. Inti que significa sol, lo que podría contradecirse, al comparar la palabra Inti como el pájaro halcón o colibrí  mencionado por los cronistas, a no ser que la palabra tenga una connotación diferente, Quenti con Inti o Indi o sea un sinónimo de lo mismo. De acuerdo con Pedro de Sarmiento, menciona que la palabra Ynti el dios-sol es lo mismo que el pájaro Inti. [5] Ibíd. p. 37.

 

Al parecer no encontramos respuesta coherente, ya que solamente tenemos fragmentos de la mitología de los Incas, pero apelando a la mitología egipcia encontramos al dios Horus hijo de Isis y Osiris, que se le representa con doble corona, un sol con alas de halcón, entonces podemos intuir la influencia egipcia en esta región del antiguo Perú y la Mexicana, lo que Inti-Viracocha (de acuerdo con las tradiciones orales), propiamente es un dios alado representante del sol, y es entonces que parece que las cosas empiezan a tener un poco de sentido. De acuerdo con el libro Fray Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España, en la parte del vocabulario Tomo II. p. 584. [6] El nombre de significar lo que dicen, habría de ser “Aztatlán”, ya que garza, sinónimo de blancura, es aztatl. El nombre significa lugar de las “alas”. Aztli, aaztli es el juego de alas con las que el ave vuela. En el caso de las alas del ave son las alas del águila . El pueblo que hizo ciudad en el lago es el pueblo del Águila, o sea el pueblo del sol.

Para agregar más peso a las similitudes de las leyendas del Perú en cuanto al pájaro que Manco Ccapac tenía encerrado en un canasto o jaula, veamos los que Fray Diego Durán nos dice: Traían un ídolo que llamaban Huitzilopochtli, el cual traían cuatro ayos que le servían a quien él decía muy en secreto todos los sucesos de su itinerario y camino, avisándoles de todo lo que les había de suceder. Y era tanta la reverencia y temor que a este ídolo tenían, que otro ninguno que ellos, no le osaba tocar ni llegar. El cual venia metido en una arca de juncos, que hasta el día de hoy no hay quien sepa ni haya visto de estos naturales la forma de este ídolo. [7] Historia de las Indias de Nueva España. Tomo II, Cap. II, p. 26.

De  acuerdo con el Inca Garcilaso de la Vega en los Comentarios Reales menciona:

El rey traía esta misma borla; empero, era colorada. Sin la borla colorada, traía el Inca en la cabeza otra divisa más particular suya, y eran dos plumas de los cuchillos de las alas de un ave que llaman Corequenque. Es nombre propio; en la lengua general no tiene significación de cosa alguna; en la particular de los Incas, que se ha perdido, la debía de tener. Las plumas son blancas y negras, a pedazos; son del tamaño de las de un halcón baharí prima; y habían de ser hermanas, una de la una ala y otra de la otra. Yo se las vi puestas al Inca Sayri Túpac. Las aves que tienen estas plumas se hallan en el despoblado de Villcanuta, treinta y dos leguas de la ciudad del Cuzco, en una laguna pequeña que allí hay, al pie de aquella inaccesible sierra nevada; las que las han visto afirman que no se ven más de dos, macho y hembra; que sean siempre unas, ni de dónde vengan ni dónde críen, no se sabe, ni se han visto otras en todo Perú más de aquéllas, según dicen los indios, con haber en aquella tierra y otras muchas sierras nevadas y despoblados y lagunas grandes y chicas como la de Villcanuta. Parece que semeja esto a lo del ave fénix, aunque no sé quién la haya visto como han visto estas otras. Por no haberse hallado más de estas dos ni haber noticia, según dicen, que haya otras en el mundo, traían los reyes Incas sus plumas y las estimaban en tanto, que no las podía traer otro en ninguna manera, ni aun el príncipe heredero; porque decían que estas aves, por su singularidad, semejaban a los primeros Incas, sus padres, que no fueron más de dos, hombre y mujer venidos del cielo, como ellos decían, y por conservar la memoria de sus primeros padres traían por principal divisa las plumas de estas aves, teniéndolas por cosa sagrada. Tengo para mí que hay otras muchas aves de aquéllas, que no es posible tanta singularidad; baste la del fénix, sino que ellas deben de andar apareadas a solas; como se ha dicho, y los indios, por la semejanza de sus primeros reyes, dirán lo que dicen. Basta que las plumas del Corequenque fueran tan estimadas como se ha visto. Dícenme que ahora, en estos tiempos, las traen muchos indios diciendo que son descendientes de la sangre real de los Incas; y los más burlan, que ya aquella sangre se ha consumido casi del todo. Mas el ejemplo extranjero con el cual han confundido las divisas que en las cabezas traían, por las cuales eran conocidos, les ha dado atrevimiento a esto y a mucho más, que todos se hacen ya Incas y Pallas. Traían las plumas sobre la borla colorada, las puntas hacia arriba, algo apartadas la una de la otra y juntas del nacimiento. Para haber estas plumas cazaban las aves con la mayor suavidad que podían, y, quitadas las dos plumas, las volvían a soltar, y para cada nuevo Inca que heredaba el reino las volvían a prender y quitar las plumas, porque nunca el heredero tomaba las mismas insignias reales del padre sino otras semejantes; porque al rey difunto lo embalsamaban y ponían donde hubiese de estar, con las mismas insignias imperiales que en vida traía. Esta es la majestad del ave Corequenque y la veneración y estima en que los reyes Incas a sus plumas tenían. Esta noticia, aunque es de poca o ninguna importancia a los de España, me pareció ponerla por haber sido cosas de los reyes pasados. [8] Los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega. Tomo II. p. 215-216.

 

Ahora con toda seguridad sabemos que el Corequenque es un halcón, aunque Garcilaso de la Vega no pudo encontrar explicación a la palabra Corequenque.

De acuerdo con la lengua Quechua la palabra “cori” significa oro, quenti como el cronista Cobo menciono significa picaflor o colibrí, pero al parecer a un tipo de  halcón ya mencionado también le llamaban “corequenque”

lo que esta palabra en conjunto significa “colibrí o halcón de oro” ya que en evidencias arqueológicas situadas en Bantán Grande en la jurisdicción de Poma, departamento de Lambayeque, Julio C. Tello  en 1937 recuperó para el Museo Nacional del Perú, diversos objetos de oro y plata.

 
                                                             Tumi de Lambayeque
 

Podemos ver figurines representando un tipo de dios viracocha con unos colibrís colgando de su corona, a la par de sus oídos o “Tumi de Lambayeque” el cuerpo del personaje labrado en oro macizo, un tipo de hombre pájaro, de largo mide 0.43 m y ancho 0.15 m con un peso de 990 gramos. Y este señor de los colibrís el Tumi de Lambayeque está más cerca a los relatos orales del Viracocha y su compañero alado, lo que podría ser una continuación de estos antiguos mitos. Lo que nos ayuda a confirmar la fidelidad tanto en las tradiciones orales del Perú y su arqueología, con la asociación del colibrí y el halcón. De igual manera podemos confirmar que los Aztecas, venidos de Aztlán tenían las mismas ideas mitológicas en común, recordando lo dicho por Pedro de Sarmiento que dicha ave era un ídolo que pertenecía a la familia y que se heredaba a la siguiente  generación o líder, de la misma manera que esta ave paso de Manco Ccapac hasta su bisnieto Mayte Cápac, y supongo se pasaba de generación en generación. De acuerdo con los comentarios de Diane E. Wirth en su libro A Challenge to the Critics. p, 71. Los antiguos hebreos tenían en sus casas, llamados serafines, que por regla no eran adorados sino que los tenían en sus casas como recuerdo a sus ancestros, igual que los Mesoamericanos, tenían imágenes de sus ancestros de acuerdo con el código Vaticano que apoya esta conjetura:

Ellos abastecían con muchas ofrendas a su progenitor original y decían, yo soy de tal y tal linaje, y adoraban y sacrificaban a su primer fundador y lo llamaban “el corazón de la gente” y lo mantenían en forma de un ídolo, en un lugar seguro, ofreciéndole oro y piedras preciosas. [9]

 

Otra de las aves a considerar es el quetzal peruano, o Korekennke y desde luego como poder ignorar esta valiosa información por parte de Númitor Hidalgo Palomino. Este señor hizo una expedición que llamó “Expedición Investigadora “Korekenke”. En busca del ave sagrada del Chinchasuyo, desde luego estamos hablando de un área geográfica del Perú. Claro que en su viaje hubo varios acompañantes entre ellos Lorenzo Tineo que compartió algunas de las versiones orales del “Korekenke” y contó que hubo una vez un comunero que casó a uno de las aves con el fin de extraerle el oro que guarda en su buche, porque según la leyenda esta ave se sirve del oro para triturar los granos que ingiere. A los pocos días de haberlo casado, el comunero falleció, y posteriormente sus familiares padecieron de enfermedades muy raras, es a partir de entonces que en la comunidad nadie se atreve a casar a esta ave emblemática, cría de los Inkas. En el proceso de la investigación Númitor se entrevistó en Cusco con la Asociación de Protección de Pájaros (Birdwatchers) y una institución especializada “Manu Jungle Advetures” a cargo de la bióloga y especialista Mg. Rocio Arce quien nos dio toda la información pertinente, respecto a nuestra especie “Korekenke” que luego de una nutrida investigación nos informaron que el ave korekenke conocido por los pobladores de Umari, en efecto se trataba de una variedad de Quetzal. Es así como nuestro asombro aumento al descubrir que el Korekenke umarino se trataba de una variedad, indubitablemente de Quetzal peruano que también habita los bosques nublosos de Madre de Dios, Cusco, Bolivia, Cajamarca y es muy sabido que el quetzal es el ave emblemática de los países centroamericanos, México, Guatemala, Honduras, Panamá y otros, siendo estos de la misma familia de los quetzales peruanos y muy emparentados con el quetzal huanuqueño.

A esta variedad de quetzal en el idioma Quechua de la zona se le conoce como ave Pilco.

                                                            Quetzal Peruano
                                               Foto de Númitor Hidalgo Palomino

En el Puno y Bolivia se le conoce como ave Pilco, siendo que en Tiwanaku existen tres puertas principales: El Puma Punku (Puerta del Puma), Inti Punku (Puerta del Sol). Y Pilco Punku (Puerta del Ave Sagrada).

Así mismo existe en la ciudad de Copacabana frontera entre Bolivia y Perú, el templo del sol que cuenta con una puerta llamada Pillko Punku lo que a decir de muchos investigadores se trata del ave Trogon “quetzal”. Investigación por Númitor Hidalgo Palomino el 17 al 30 de Agosto 2008.

 

 

Lo que podemos asumir la importancia de estos tres tipos de aves en la región del Perú en diferentes épocas de su desarrollo, tan importante fue el quetzal peruano, como lo fue el halcón y el colibrí, coincidentemente pasa lo mismo en la región de Mesoamérica con el pájaro quetzal, tanto los Mayas-Toltecas y posteriormente los Mexicas arrastraron con ellos esta misma conceptos mitológicos inherentes en su religión, entonces por sentido común me parece que estas costumbres pasaron gradualmente de Sudamérica a Centroamérica y posteriormente su influencia llegó a hasta lo que hoy son los Estados Unidos Americanos y el Canadá. De acuerdo con Wikipedia con el tema “Mitología Mexica” nos explica que al aparecer los dioses, cuatro de los hijos primogénitos o Tezcatlipocas se encargan de organizar y poner en movimiento el universo, Tezcatlipoca (Norte), Xipetótec o Camaxtle (Oeste), Quetzalcóatl (Este), Tláloc o Huitzilopochtli (Sur). Huitzilopochtli estaba encargado de sostener los cielos del Sur, lo que se le conocía también como Tezcatlipoca Azul, Colibrí Zurdo o del Hemisferio  Sur. Lo que estos cuatro Tezcatlipocas dividían el mundo en cuatro partes, tal como los Incas. Lo que esto podría confirmar, que este dios Huitzilopochtli inicialmente vino del Hemisferio Sur.

                                         
                                          Huitzilopochtli levantando los cielos del Sur

 

La importancia de las plumas de una Águila Bald todavía repercute en nuestros días, en los Estados Unidos Americanos es ilegal tener o comerciar con plumas de este tipo de Águila, ya que sus plumas son blancas con negro, el mismo color del Corequenque de los Andes. Estas plumas son muy apreciadas y protegidas ya que estas plumas solamente se pueden usar con permiso y por ciertas tribus nativo-americanas para uso en ceremonias religiosa. En 1994 la agencia The National Fish and Wildlife Forensics Laboratory in Ashland, Oregon regalo 870 águilas, y lleno 28.000 solicitudes para plumas. (10) http://www.baldeagleinfo.com/eagle/eagle5.html

 

Sagrados artefactos regresaron a una tribu al Norte de California, U.S.A. En Agosto 13, 2010.

San Francisco(AP)- Pieles blancas de venado, plumas de Cóndor y un penacho (adorno de la cabeza) echo de un rojo brillante de plumas de pájaro carpintero, están entre más de 200 artefactos sagrados que están una vez más  en posesión de una tribu de Indios al Norte de California. La Tribu Yurok celebró el regreso de estos artículos la semana pasada-entre la más grande  repatriación de sagrados objetos a Nativos Americanos de la Institución Smithsonita Museo de Indios Americanos.
http://www.kyivpost.com/content/world/sacred-artifacts-returned-to-northern-california-t-78431.html?flavour=mobile 



 

Cuento por Arnaldo Quispe, psicólogo de formación en Perú, procede de un linaje de “paqos” (chamanes andinos).

 

El Colibrí de Oro (Qori Q’ente)

 

El país andino silvestre reúne cientos de especies de plantas y animales, que ocupan un lugar importante en la ecología de las alturas. Q’ente o colibrí andino es una ave de  pequeña dimensión, que tiene un significado simbólico en la cosmovisión andina, pues se le asocia con la dulzura, armonía, buena suerte y sacrificio. Esta es la historia  de un colibrí llamado Muru Muru que tuvo que sacrificar su vida para servir a su pueblo.

Cuenta la historia que los colibrís andinos despertaron una mañana con un extraño presentimiento. Al mediodía presenciaron una extraña lluvia que caía aún cuando Tata Inti el divino Sol estaba presente irradiando con fuerza el horizonte andino. Preocupados y fatigados por las sensaciones comunes decidieron acordar convocar al gran consejo de colibrís de los Andes. Muchos de los líderes reunidos llegaron a una sola conclusión “Para nuestro pueblo es muy importante estar comunicados con nuestros ancestros.

 

Pero parece que ellos ya no nos escuchan, ha pasado algo esta mañana y algo tenemos que hacer.” Luego dijeron: Necesitamos comunicarnos con ellos y por eso debemos enviar a uno de nosotros a las profundidades del Ukhupacha. Realizar esta misión mortal implicaría salvar las diferencias con el reino de los ancestros. Para dicha empresa, eligieron a un colibrí muy trabajador llamado Muru Muru, buen padre y esposo, no podía ser otro ya que había sido elegido por la unanimidad del consejo por su peculiar plumaje gris con brillo multicolor ya una impecable reputación.

El plan comenzaba con un viaje muy distante y arriesgado. Para llegar a la fuente misma del Ukhupacha, Muru Muru debía llegar a las profundidades de la selva. Como en otros casos de viajes lejanos los colibrís ya conocían la solución, pues que mejor que esconderse en los pututos de los chasquis. El correo imperial estaba tan bien organizado que recorría todas las rutas del imperio. Los colibrís solo tenían que tener en cuenta de intercambiar de pututo cuando el chasqui debía intercambiar la posta con otro chasqui. El Qhapac Ñan que une a la ciudad del Qosqo y la ciudad secreta de oro “Patiti” era la ruta preciso que conduciría a Muru Muru a las profundidades de la selva. El camino era secreto, celosamente resguardado a fin que nadie pudiera saber su ubicación. Los chasquis siempre leales jamás revelarían el secreto.

Ya en el corazón de la selva, Muro Muro muy bien adiestrado para su misión decide abandonar su genial guarida. En adelante debía buscar el gran Río donde mora la Yacumama, la gran serpiente del bósque. Este era el siguiente paso: encontrar a la Yacumama pues tendría que ser su nuevo transporte para llegar a las dimensiones del Ukhu Pacha. La gran boa apenas podía percatarse de la presencia del colibrí, que cuando abre la boca para bostezar el astuto colibrí ingresa y se esconde entre los afilados dientes. La Yacumama sin percatarse de su ocasional pasajero emprende su viaje habitual hacia las profundidades de las aguas. Una vez que la serpiente se detiene para reposar en los dominios de la Ukhupacha, Muru Muru emprende un fugaz escape logrando salir por las narices de la serpiente. Y de inmediato se da cuenta de encontrarse en otra dimensión, en otro mundo en donde los colores, aromas, sonidos y luces celestiales no cesan. Se percata también de encontrar a sus ancestros q’entes volando alrededor de las flores aromáticas de éste majestuoso Edén. Los colibrís del Ukhupacha le dijeron que tenía que ir a hablar en frente del clan superior de los q’ente del mundo inferior.

Cuando los ancestros colibrís se pusieron de acuerdo y para resolver el impase con los colibrís de la tierra media. Acordarían que Muru Muru tenía que regresar al bósque amazónico e ir a Patiti: la ciudad de oro del Inca y llegar a la cima de la pirámide más alta y reposar por un instante con el Korekenke de oro, ya que para ellos eso sería un privilegio y de ese modo se resolverían todos los inconvenientes creados.

Muru Muru aceptó, después de todo no sería difícil sea nueva misión considerando todo lo que ya había pasado. Así fue, pero cuando el colibrí se posó junto al ave sagrada incaica, se solidificó en oro convirtiéndose en Qoriq’ente: el colibrí de oro incaico y ave sagrada en adelante.

 

  

El Colibrí de Oro: Cuentos Andinos Para el Crecimiento Espiritual. 2012

El colibrí de oro (Qori q’ ente). p. 34. Por Arnaldo Quispe.